Poemas sobre la Pasión de Jesucristo


INDICE

   La Pasión

   Introito

   La agonía en el huerto

   Jesús condenado a muerte

   La flagelación

   Coronación de espinas

   La vía del calvario

   Encuentro con María

   El cireneo ayuda a Jesús

    La verónica enjuga el rostro de Jesús

   Encuentro con las piadosas mujeres de Jerusalén

   Jesús cae tres veces

   Jesús clavado en la cruz

   La muerte de Jesús en la cruz

   Jesús es puesto en brazos de su Madre

   Sepultura de Jesús

   (Jn 17,1-6.14-19)

La Pasión


"Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo...."


 
 
   
   

Introito


He de escribir con lágrimas
estos versos que anuncian el misterio
de tu pasión sagrada
que logró mi sublime nacimiento
de tus heridas crueles
que lavaron mi vida en sus arpegios
de tu rostro purísimo
que muere ensangrentado en duro leño
de tu mirada noble
que escucha los latidos de mi pecho
de tus manos clavadas
para ser el sostén del pordiosero
de tus pies lacerados
que concluyen su tiempo prisioneros
por aquella estocada
que atraviesa el amor justo en su centro
por tu entrega que ofrece
adorar a tu Padre de los cielos
y ganar a los hombres
la eterna redención sin un lamento


 
 
   
   

La agonía en el huerto


Oh Señor que sediento de un bautismo
fuiste al monte que viera tu agonía
y en vigilia sufriste aquellas horas
en aras del suplicio y la partida
extasiado en las voces de tu Padre
que en su llanto tu pecho humedecía
y que quiso tu carne desangrada
por salvar a los hijos que gemían
le pediste que él mismo te librara
de ese cáliz que frágil padecías
y elegiste vivir aquel designio
en sudores de sangre que vertías
sufriste tu estertor anticipado
y aquel drama sangriento que veías
y aceptaste morar en el silencio
cuando todo tu ser colmó su herida
con potente clamor miraste al cielo
y entregaste tu amor hasta la sima


 
 
   
   

Jesús condenado a muerte


Fuiste atrapado en aquel huerto
cual delincuente ajusticiado entre las llamas
y allí encendiste aquella tea
por la que sé que tu presencia me repara
pues no son luces de mi puerto
sino esa fe que me entregaste la que salva
y condenado impunemente
fuiste llevado hasta el escarnio que se ensaña
y rey de todo el universo
con pobre atuendo y entre espinas te mostraban
el juez en débiles intentos
reconoció que tu inocencia te apelaba
pero golpeando en la traición
ante esa turba que tu cruz vociferaba
te hizo la víctima cruenta
de una vileza que tu cuerpo desangrara
y habiendo sido profanado
por aquel juez que en su demencia se mostrara
fuiste vendido en ese trance
a tanta furia que tu amor atravesara
y moribundo te empujaron
a padecer en esa cruz allí plantada


 
 
   
   

La flagelación


Flagelaron tu cuerpo los esbirros
esgrimiendo aquel filo de su látigo
y golpearon tu canto enmudecido
que en injurias tu carne mutilaron
y rasgando tu piel hasta abismarme
tu rostro con furor abofetearon
cual si fueras injusto y mercenario
sin piedad sobre ti se abalanzaron
y fraguando en el odio tu inocencia
en la dura orfandad de tu quebranto
cual cordero llevado al exterminio
tu sangre en risotadas ensuciaron
ya tu aspecto de hombre diluían
y en feroces crueldades ultrajado
fuiste expuesto en tu llaga ante la turba
como el árbol que fuese desechado
sin poder sustraerte a aquel suplicio
porque el pueblo clamaba por tu daño
bebiste ese dolor de aquel flagelo
despreciado en la noche del fracaso
y tu amor que es más fuerte que la muerte
por la cruz me arropaba en tu regazo


 
 
   
   

Coronación de espinas


Fue la corona de la gloria
la que expresaba tu misterio y tu realeza
la que escondiste en este suelo
porque tu reino no es del mundo que te acecha
te despojaste ante mis ojos
de la sublime dignidad de tu grandeza
y te abajaste crucialmente
a compartir en todo tiempo mi pobreza
y en el final de tu camino
bebiste cruda humillación en tu cabeza
que coronada por espinas
fue el espectáculo que sórdido vivieras
tú te envolviste en rojo manto
que te expusiera a padecer sus asperezas
y renunciaste a que tu altura
manifestara su poder en esta tierra
y en esa sien ensangrentada
me señalaste que el amor te hizo su presa
por rescatarme del orgullo
y a caminar en la verdad me dispusiera
ya no es la honra de este mundo
ni los aplausos o el poder lo que yo quiera
sino el servicio del humilde
por quien se fragua la verdad de toda entrega


 
 
   
   

La vía del calvario


Condenado a la cruz que fue sudario
y ofreciendo tu cuerpo en esa siembra
recibiste Señor aquel madero
que llevaste en los surcos que se abrieran
y en silencio iniciaste peregrino
el canal donde el agua se desvela
conteniendo tus pies estremecidos
y callando al sufrir sin una queja
que extensa y empinada aquella cumbre
y débiles tus pasos por las grietas
que te hirieron en horas de desierto
con injurias flagelos y pedreas
soportaste el suplicio del sendero
y también las espinas que te anegan
y estertores cruciales en tu alma
al sentir que tu hora se deshecha
y tu amor luminoso en mi recinto
fuera echado al abismo que destierra
por quienes se mofaron de tus lágrimas
ignorando que allí sangraron piedras


 
 
   
   

Encuentro con María


Imposible Señor es contemplar
tu mirada en clamores de tu rostro
que inundado de amor se hubo cruzado
con tu madre observándote a los ojos
ella quiso sangrar con tu pasión
tus dolores tus lágrimas tu acoso
y sólo su figura te cimenta
cobijando tu ser que fue su todo
fuiste el hijo sublime de esa estrella
y ella fue la matriz en ese otoño
donde caen las hojas que se mueren
porque surge otra flor en ese tronco
María con la fuerza de tu gracia
sólo pudo mirarte en tu despojo
y abrigar las angustias de tu alma
al callar ese llanto entre cerrojos
animándote a dar toda tu sangre
con amor y postrándote de hinojos
ante el Padre que engendra tu existencia
y vivió su esplendor en tus escollos
tu santísima Madre arde en su pecho
y fue claro testigo con asombro
de un inmenso valor que fue probado
en el duro crisol que ardió su trono

oh María qué inmenso es tu misterio
que rechaza los vértigos del odio
oh Señor qué magnífica tu herencia
cuando buscas la cruz como reposo


 
 
   
   

El cireneo ayuda a Jesús


Cireneo que llegas
a los pies moribundos del que salva
abrazando el madero
que lo agobia en la cumbre de aquel drama
tú fuiste señalado
para dar un impulso que aliviara
del peso de ese leño
a quien quiso entregarte aquella carga
que abrió tu salvación
aunque no comprendieras esa trama
y en tu mente fabril
sólo fuiste capaz de ver su cara
ignorando el misterio
que en su vida forjara hasta entregarla
ayudaste a llevar
sigiloso el sendero cuya planta
fue elegida entre muchas
para ser aquel árbol que desplaza
el don paradisíaco
que los padres borraron con su mancha
tus brazos sin saberlo
pudieron someter esa mordaza
que al sufrir el pastor
al rebaño librara de sus llagas


 
 
   
   

La verónica enjuga el rostro de Jesús


El rostro de Jesús
transido de dolor por el rechazo
agrietaba sus venas
inundando en sudores su quebranto
y buscaron sus ojos
aquietarse en la cuna del descanso
y surgió la inocencia
de mística mirada en ese espacio
que bañada de luz
y enlutada en las perlas de su llanto
corrió hasta el nazareno
y enjugó su pañuelo despojado
que es belleza del Hijo
sediento en la vileza del sarcasmo
la verónica pudo
extasiarse en las voces de aquel ámbito
engolfando en su amor
el sudor y la sangre que brotaron
se sumió en el misterio
del pañuelo que allí fuera enjoyado
con el rostro de Dios
que en su muerte vivió recompensando
los gestos de piedad
y el amor compasivo que dio amparo
a quien llora su herida
encendiendo el fervor para su hermano


 
 
   
   

Encuentro con las piadosas mujeres de Jerusalén


Jesús se encuentra en el camino
con aquel grupo de mujeres que buscaron
alivianar con su presencia
al que anunciara una vertiente a sus hermanos
donde la gracia derramada
se confundiera con el hombre restaurado
donde una tierra y cielos nuevos
eran prodigios de esperanza entre sus manos
ellas vivieron sus fatigas
acongojadas por los tintes de ese cuadro
y lo escucharon fervorosas
cuando su luz iluminara aquel collado
al expresar con su palabra
no lloren más por las penurias de mi rastro
lloren gimiendo por ustedes
y por sus hijos que verán días amargos
pues si en el leño que está verde
arde aquel fuego que mutila su verano
que pasará cuando esa fuerza
busque encender la leña seca en cada ramo
ellas golpeándose en el pecho
a su Señor hasta el calvario acompañaron
siendo testigos elocuentes
de aquella fe que la palabra hubo tallado


 
 
   
   

Jesús cae tres veces


Benditas tus caídas
que en medio de las piedras padeciste
fidelidad heroica
que me invita a elevar lo que me aflige
tu paso en esa senda
resbala con frecuencia pues viviste
en tus hombros la cruz
cuyo peso clamaba por herirte
sin otra recompensa
que sangrar en la tierra lo que diste
tus diversas caídas
anuncian los obstáculos que viven
en su tierra los hombres
que en cada desventura se resisten
a seguir su horizonte
que sume en la crueldad y sus confines
y en profunda orfandad
recorren el camino y sus perfiles
dolorosa sorpresa
que no sabe sortear lo que percibe
y en humildes intentos
redobla el caminar aunque fatigue
oh benditas caídas
que mostrando su amor a los humildes
me impulsan a correr
resurgiendo del polvo aunque vacile


 
 
   
   

Jesús clavado en la cruz


Al concluir allá en el Gólgota
aquella vía dolorosa y desolada
con ambos leños construyeron
la dura sede de aquel trono que llorara
y despojando al Salvador
de aquel ropaje confundido con sus llagas
fue con crudeza tironeado
hasta poder en esa cruz anclar su espalda
y atravesaron con sus hierros
los pies y manos que los clavos mutilaran
hasta beber todo aquel cáliz
sin proferir alguna queja entre esas llamas
y abruptamente levantaron
junto al madero aquella víctima sin mancha
y en aquel suelo de su muerte
en brusco gesto y con furor mostraron saña
sólo quien sienta esos despojos
puede entender aquella escena consumada
donde se abraza en un madero
quien ha venido a derrotar lo que me daña


 
 
   
   

La muerte de Jesús en la cruz


Era la hora del bautismo
donde Jesús nos entregara su mensaje
en los umbrales de aquel tiempo
de nueva alianza regalada por el Padre
y fue la gracia allí nacida
la que otorgara salvación a quienes nacen
Jesús clavado en el patíbulo
en una cruz testigo fiel de lo inefable
ardió en su pecho moribundo
y estremecido por la savia que renace
engendró el día del profeta
que ha de morir para engendrar en propia sangre
y le otorgó misericordia
al buen ladrón que fue juzgado por culpable
dio su perdón a los verdugos
que maceraron con furor aquella carne
de quien sufriendo en su tormento
en bien del hombre produjera el nuevo cauce
donde el humilde peregrino
hubo encontrado la victoria invulnerable
y en el profundo desconsuelo
viendo el Señor al hombre mudo en esa tarde
con infinita compasión
dio en testamento aquella rosa de su Madre
para que fuera quien sanara
de la orfandad y esclavitud a quienes llamen
su corazón que atravesado
fuera la puerta que los hijos entreabren
y contemplando en el silencio
esa gloriosa redención que abrió su llave
clamó con voz agradecida
por consumar aquel designio de su Padre
a quien le dijo filialmente
hoy en tus manos la esperanza ve su anclaje
y al expirar en ese tramo
su amor supremo traspasado en esa tarde
lavó mi vida en la vertiente
que diera el agua con las gotas de su sangre

quedó la tierra consternada
y hoy se estremece en los acordes de mi nave


 
 
   
   

Jesús es puesto en brazos de su Madre


Bajaron los despojos
del Hijo que en la cruz vivió su muerte
y estalló un gran silencio
al surgir esa Madre que no teme
y alberga en su regazo
aquel cuerpo sagrado pero inerte
cobijando en su alma
el clamor convertido en nuevas preces
dirigidas al Padre
por los hijos que nacen cuando emerge
el mesías que vino
a salvar a los hombres de otra muerte
María en su orfandad
apremiando al espíritu en su vértice
en su inmenso dolor
con firmeza esperaba la simiente
transformada en espiga
recreada en la cumbre de las mieses
cuando el sol se apagara
ingresando su luz en los dinteles
de la noche que ensaya
revivir en fulgores que promete
la estrella luminosa
que regala esa voz que no perece


 
 
   
   

Sepultura de Jesús


Él vino a darnos una vida
que renaciera con el triunfo de su muerte
y ha padecido como hombre
aquel tributo que entregara sus mercedes
él anunció que era el camino
y era la vida y la verdad que nos enciende
él nos amó en la compasión
que le exigió en la muchedumbre detenerse
y en el final de aquella cumbre
quiso beber tanta crueldad hasta las heces
pues al morir en ese cuerpo
pudo salvarme del desierto que estremece
y colocado en un sepulcro
que resguardara aquella víctima en su fuente
entre los cielos y la tierra
se oyó la sombra desbordando su torrente
para embarcar en su misterio
a todo el hombre que por fin allí se yergue

quedó el sepulcro tan sellado
como los labios de aquel pálido inocente
pero en el alba estremecida
un Jardinero que no entienden aparece
que restaurando otro jardín
abre las puertas de los cielos para siempre
y el estupor es el testigo
de aquel sepulcro que vacío es la vertiente


 
 
   
   

(Jn 17,1-6.14-19)


"...Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad"